Golpea mi puerta, suavemente,
a la hora de los sueños y las musas,
ven al sillón, recuéstate y ponte cómoda
que los duendes danzarán tras de las copas.
Acomódate en mis brazos, dame abrigo,
que al conjuro de tu voz estoy rendido,
hablemos en voz baja de mis sueños,
de tus labios de nácar, del amor compartido.
Ponte cómoda que al tiempo he invitado
a quedarse en mi casa sin urgencias,
que el pasado se confunde en el futuro
que oculta en la noche todas las ausencias.
Deja tu abrigo sobre el piano, que es temprano
hacia tu rosada luz dirijo mis espaldas,
detenme al límite de todos los pecados,
a un palmo de tu cuello, al borde de la fragua.
Golpea mi puerta, suavemente,
a la hora de la cita sin causa ni preguntas,
dame un poco de tiempo, deja a un lado las excusas,
que los duendes se duermen en las sombras. |