Miro el reloj, y los minutos
que se vienen calmos, lerdos,
el cigarrillo que no se apaga
ni enciende, la pantalla blanca.
Intento en el teclado plasmar
algo coherente, me equivoco
diez veces antes de abandonarlo
todo y mirar por la ventana.
Hay una especie de letanía
en todo lo que pienso,
que vuelve una y otra vez
a lo mismo, en vicioso círculo.
Falta una hora para volver a verte.
Corrijo lo corregible, desecho
lo que no sirve, salvo todo lo salvable,
me sumerjo en la espera, de espaldas
a la puerta que se cierra, cómplice.
Me hundo en la contemplación
de la pantalla, acomodo unas llaves,
y pego un postit flúo sobre el teclado,
para acordarme de algo cuando lo haya olvidado.
Cuento unos clips y unas monedas,
unas banditas elásticas, los segundos que faltan,
hago sonar los dedos, el labio inferior me muerdo,
que no hay nada mas cerca del deseo...
Falta una hora para volver a verte.
Las hojas se amontonan
a mi diestra, la pila evoluciona
de manera exorbitante, un portazo
en una puerta que se cierra
y una radio sonando en algún lado.
Un soplo de aire acondicionado
con aroma de mujer y biblioratos
y carpetas por el suelo, una bocina
impiadosa se cuela por la ventana,
un bollito de papel que yerra
por mucho al cesto, una foto tuya
en mi escritorio y nada...
Falta una hora para volver a verte.
Un teléfono suena a incordio
y alguien lo cuelga, pasos y tacos
vienen y van sobre el boucleé morado,
y hay una impresora que vomita letras,
estadísticos fastidios en negro y blanco,
otra puerta, otro clip, otra ventana,
otro soplo de oxígeno acondicionado
que huele a jazmín y azahar y almizcle,
otras carpetas y otros biblioratos,
se desliza tu nombre por mis labios
se abre una puerta y allí estás, más temprano,
pendiente de mis ansias....
Una hora es mucho tiempo para esperar por vernos.
.
.
. "No hago otra cosa que pensar en ti...
y no se me ocurre nada..."
. Serrat - 1981
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